CACHOS O CUENTOS DE MI PUEBLO


CACHOS LITERARIOS
"CACHO" era una palabra coloquial que significaba CUENTO o chascarillo, y fue usada en tiempos remontos en Yaguaraparo.
Antes cuando se pedia contar un cuento se decía: ¡Cuentame un CACHO abuelito!
Cuentos, leyendas, mitos y fragmentos extraídos de la memoria oral y sucesos reales que acontecieron en Yaguaraparo. La mayoría de los nombres utilizados en los “cachos” son de personas totalmente reales.


EL ANIMASOLA
Lirine era una joven hermosa, pulcra y de una finura de piel con el brillo de una losa blanca y aterciopelada. Tenía un cuerpo envidiable, una escultura de diosa que iluminaba los tristes faroles de las noches y hacía temblar irresistible los corazones de los hombres que admiraban su hermosura.
Su rostro era terso como alborada que teje sensaciones nostálgicas, era encantador contemplarla y todo aquel que lo hacía por instante quedaba embriagado con su aroma juvenil y sutilmente atrapado en una telaraña de sueños híbridos donde era casi imposible escabullirse.
Lirine era sugestiva, arrogante como una princesa Española, su barbilla siempre en alto denotaba su elegante figura esbelta, bella como la luz del sol, irradiaba una dulzura impresionante que cualquier hombre del pueblo vendía el alma por tenerla.
Pero Lirine era equiparable a las mariposas del viento y se anclaba como magia ensoñadora en las flores de la indiferencia, a sus pies tejía una larga escalera que ningún humano de su pueblo podía alcanzar, era todo un sueño escrito con lagrimas de perlas, llanto figurado con lluvia de oro incandescente y océanos turbulento con rizos de espumas de efervescentes diamantes microscópicos.
Y cada hombre soñó con ella, le dibujaron ensueños invisibles y tejieron a sus pies tesoros de palabras dulces, le llevaron conglomerados ramos de flores de palabras tiernas, vistieron a la sabana de Venturini con estrellas de juncos rosas y bañaron el Río Yaguaraparo con ansiedades de pasiones juveniles para bautizarse con él son del enguayabado o del Ser que ama enamorado.
La plaza Bolívar y San Juan se vistieron de palabras inconclusas, extrañas se sonrojaban al paso casi insonoro de Lirine, cuando sonreía y hablaba, al mirarla era tocar el universo mismo, hundirse en un laberinto sin salida.
Sin embargo, pasaron los días y la Bella Lirine crecía en belleza y elegancia mejorada, y mientras esto acontecía prematuramente una sombra se deslizo en el tiempo y le auguro un mal presagio, una envidia plegada de maldad le hundiría en su vida el puñal de la desidia y daría de beber agua de amarga hiel.
Y un día de esos inundados de presentimientos vio pararse frente a su portal aquella mariposa negra, Lirine era inocente y quiso tomarla para jugar, la mariposa oscura como la noche ágil abrió sus negruzcas alas y torno a su grácil vuelo, ocultándose en las penumbras de la tarde. Aquel anuncio de muerte cobijo las ansiedades del ambiente mortecino, sin embargo Lirine siguió su curso más hermosa que nunca, entro a su habitación y tomando el cepillo comenzó a peinarse, admirar su cálida belleza, a cantar dulces arpegios, recordando sus amores desechados y a sentirse espléndida, admirada por ojos que desnudan paredes, ella sabía que hervían como olas de bravía tormenta, pues sentía que cuando la miraban atravesaban su sangre ardiente y apasionada como diminutas hojillas que desgarraban sus tensiones juveniles.
Y allí la vio en el cristal del espejo mirándola con sus ojillos infernales, estaba vestida de negro como la mariposa de la tarde que había anunciado su llegada, sus manos engarfadas eran como el acero bruñido y su boca avilante le anunciaba su inesperada visita.
Lirine quedo tiesa como hierro recién fundido introducido al agua para su enfriamiento, su rostro palideció mortalmente y de su boca un pequeño grito que retumbo en las cuatro paredes de la fría habitación. El ambiente se torno irresistible, un relámpago beso las tinieblas y su latigazo flash fue apagado por la intensidad de un trueno que estremeció el alma temerosa de Lirine.
Ella asustada abrió sus ojos y sus labios rosas con desmesurado acento y cuando sintió aquellas manos sobre su cuello temblaron sus carnes tersas y exquisitas, aquel rostro juvenil de líneas perfectas se demudo de súbito, como si un flujo eléctrico se hubiese apoderado de su alma.
Se rasgo las ropas, las hizo pedazos con las uñas y los dientes, gritaba y trataba de soltarse de aquel fantasma de la desidia y la envidia.
Era las dos de la madrugada cuando alborozada. Temerosa, enloquecida y perseguida por El Animasola huía desnuda por las calles del pueblo, algunos jirones de tela blanca y transparente pedían aladas de su hermoso y bello cuerpo, parecía una aparición del Olimpo, una visión inquietante, la Diosa Venus perseguida por la oscuridad de Morfeo.
Pocos meses después un brujo terminaría con el hechizo mágico del Animasola de la hermosa Lirinee.
Animasola: tipo de espíritu diabólico que común se conjuraba mediante una oración de las artes o magia negra. Esta oración la procuraban hombres con malicia y se la rezaban a jóvenes hermosas para enloquecerlas y transformarlas en devoradoras de hombres. En los caseríos de Yaguaraparo se dieron muchos casos de hombres que ejercían la oración del Animasola con la mala intención de poseer fácil a la mujer que deseaban. La mayoría de estas mujeres hechizadas quedaban esclavas del Animasola, después que eran dejadas por su captor seguían buscando varones insaciablemente.

LA MUERTE DE BABOSO
La muerte de baboso fue algo hostil, un procedimiento policial insólito, una crónica horripilante que jamás será olvidada de los pensamientos de los habitantes de Yaguaraparo.
LA MUERTE DE BABOSO
Baboso era un niño triste, siempre andaba solo como ocultando sus sueños dulcificados, sus ojos eran dos pequeños soles oscuros, dos espejos inquietos donde centelleaban dos lucecitas que saltaban como ascuas en fuego crepitante.
Le nombramos baboso porque siempre emanaban de sus labios entreabiertos, un hilillo constante de saliva legamosa, esto ocurría por una extraña mal deformación desde su nacimiento en sus dientes superiores.
Baboso era solitario pero de su ego siempre surgía la capacidad de sonreír y eso le daba una peculiaridad de inocencia cándida, tierna y angelical, era dócil, apacible y tranquilo como las olas quietísimas del golfo triste, de su piel blanquecina como el ajo porro chino, siempre se desprendía un suave olor a limoncillo de la noche.
En las tardes cuando dictaba clase de pintura infantil en la Gran Casona (Casa de la Cultura de Yaguaraparo) Baboso se acercaba tímido y sus dos ojillos negros como alas de cuervo escudriñaban cada movimiento que mi cuerpo emulaba, sin embargo deducía que aquel niño de mirada se sueños puros y cristalinos como las aguas del Río Claro, me hablaban, me gritaban que querían ser huella, amasijo, masa y parte de aquellos otros niños que pintaban con acuarela los colores del cielo.
Y en esas tardes de fuego sol, inolvidables, de calor, polvo y risas de niños siempre estaba Baboso, su presencia fiel era como el repicar de las campanas domingueras de la Iglesia San Juan de Yaguaraparo.
Quizás con su tímida respuesta deducía inquieto sus ganas de pintar los colores del cielo, el reflejo de sus ilusiones y desvaríos en el espejo de un océano salobre, quería viajar incólume en una pequeña curiara Guarao en los Caños de Punta arena, para luego anclar sereno como las cidras Rojas en el Puerto pesquero de Yaguaraparo.
Un día de esos de sol se apareció de súbito, se acerco paulatino y sus primeras palabras fueron torbulentas como el viento del mar Caribe, su delgado cuerpecito se estremecía de emoción, el rostro brillante como luna que alumbra en sus noches viajeras la majestuosidad lozana de la sabana de Venturini.
Con premuras se limpio con el dorso de la pequeña manito las mejillas humedecidas, como queriendo desaparecer aquella pena que surgía insonora de sus labios, Baboso balbuceo entrecortadas palabras con temor y encanto infantil, mientras la otra mano permanecía oculta detrás de sus espaldas, como queriendo ocultar su sorpresa.
-¡Quiero pintar! Dijo feliz como ningún otro niño…
Al decir estas frases entumecidas de ternura y anhelos mil mostró la mano oculta y en ella un pequeño pincel de su propia fabricación, un lápiz demasiado desgastado y una hoja de cuaderno que parecía como si hubiesen tenido cien años de existencia.
Y comenzó Baboso esbozar sus sueños, aprendió la armonía, la analogía y como pintar los colores del cielo, dibujo entumecido de inspiración cada mar por donde viajaron sus manitos curtidas de acuarelas, y voló hasta un arco iris donde robo cada color para luego esparcirlos sobre los pájaros de las tardes, las flores de la plaza Bolívar y Zaragoza, la pasarela o el chinchorro de hierro, el puente del Río Yaguaraparo, humedecido de ideas frescas pinto cada uno de sus compañero de clases a su manera de ver el mundo, con sus risas, juegos, emociones y ternuras primaverales.
Un día se terminaron las tarde de sol y los cantos de las Chiquillas, pitirres y azulejos en la Gran Casona, se culminaron las clases y se cerraron las puertas de una casa antigua de millones de recuerdos, se apagaron las luces del alba entumecida de tantos sueños detallados y con ellos quedo el fantasma de Baboso en las esquinas y en cada horcón desvencijado de la Gran casona.
Nos mudaron a otra Casa de Cultura y con esta aletargada y triste mudanza nos olvidamos de Baboso, desde el 1990 ya no supimos de sus sueños, timidez y manitas diestras pintando las olas, cidras del Golfo triste y los colores del cielo.
Pasaron los años y ello permitió el descenso de los recuerdos, los rostros fueron cambiando como costa golpeada por el mar, las risas se fueron apagando y con ella llegaron las melancolías y las buenas memorias. Sin embargo algunos recuerdos fluyen instantáneamente cuando la conciencia recuerda a una presencia interrumpida de súbito años atrás, el tiempo tácito se encarga de mantener esa vivencia inevitablemente en el cerebro, lo guarda por instantes, por años.
14 años después…
Era de noche, fungía una luz demasiado antigua de la luna y los grillos maximizaban sus chirriantes cantos en la densa semi oscuridad. Había olores distintos, mirto, canelilla, ron, drogas, cerveza y alambiques juntos, olor a sudores entremezclado, olor a borrachos y a viejos impertinentes, a mujeres de la calle, orine de perro y de caballos.
Estaba en el bar el Guasnil, sonaba una entristecida música de baile, había parejas bailando adosadas a la piel musical como zombis, ojos trastocados por varias veladas de locas borracheras, rojos como el infierno. Existían desvaríos y deseos onerosos, pasiones desbordadas, romances de licores, orgias y prevaricaciones descontroladas y malas juntas al mejor postor.
En ese lugar alejado del tiempo recibí la negra noticia. “Que mataron a Baboso” y en ese instante de premuras y vicios brotaron efervescentes los recuerdos como agujas diminutas rasgando el cerebro, cortando en pedazos la sangre, hiriendo el miedo, el horror a lo desconocido.
En ese instante famélico resplandecieron como flama azulada las memorias viejas y recordé aquel niño tímido, el que pinto el cielo con sus manos y esbozo aquellas palabras dulces en aquel día de sol triste, el recuerdo fluyo instantáneo y proyecto el ultimo día que lo vi, mi mente alborotada desarrollo una historia obscura, triste, no vi en ese momento al joven asesinado, si no al niño pintor…
La policía local lo había sacado a empellones del bar el Campito, causas ajenas de motivo, lo estrujaron y lo introdujeron brutalmente entre la patrulla, lo trasladaron al “Cobao” un sitio lejos de la población. Ahí lo golpearon salvajemente, lo vejaron, dicen que lo violaron, que le gritaban pistola en mano corre y sin piedad alguna lo acribillaron a mansalva, después de esta masacre lo condujeron al hospital y lo lanzaron sin vida como a un perro sobre el piso frío…
Cuentan los rumores y el rum rum de la gente que el pequeño Baboso se arrodillaba exigiendo una brizna de clemencia, ¡No me maten por favor! exclamaba con las retinas alborozadas de esperanzas, ¡hagan conmigo lo que quieran, pero no me maten!.
Quería cosechar oportunidades nuevas, se aferraba a la vida y a su aroma de libertad. Entre sus último sollozo, quizás entre su miedo se recordó de nosotros, viajo entre su agonía a la Casa antigua y pinto por última vez con sus manos dolidas y su suplica el perdón para sus asesinos y los colores del cielo. Su sangre se deslizo efervescente por nuestras venas bañando con dulcificado acento, alguna conclusión embargable del alma. En mi interior llore al niño plasmando mi desgracia y dije angustiado: Adiós mi niño lindo, que Dios perdone a tus depredadores y te de la paz del alma…

Acta Policial del caso real:
CIRCUITO JUDICIAL PENAL DEL ESTADO SUCRE
EXTENSION CARUPANO
TRIBUNAL SEGUNDO DE CONTROL
Carúpano, 24 de Septiembre de 2004
194º y 145º
En el año 2005 hicieron una exhumación del cadáver para localizar pruebas balísticas, a los ejecutores del crimen les dieron sentencia de cárcel... Por primera vez en la historia criminalística de Yaguaraparo se hace justicia…
La puerca y los siete puerquitos.

Sitio de la plaza Bolívar de Yaguaraparo, donde dicen los lugareños que sale el espanto de la Puerquita y los siete puerquitos
Contaban en otrora nuestros abuelos y coterráneos de Yaguaraparo, incluso aun reciente que en la plaza Bolívar a eso de las 12 del día e igual hora en las noches de luna llena, salía un espanto siniestro, “La puerca y los siete puerquitos”
El que se topaba con este fantasma se las veía verde y terminaba tan confundido y asustado que se “viraba”, frase muy trillada que utilizaba el coloquio del pueblo, siendo lo mismo que alucinar, caminar sin sentido, perderse en el camino o simplificado, perder el juicio por horas o minutos.
Esto le sucedió en ese mismo sitio al Sr. Concho Cedeño, existen versiones que lo vieron dando vueltas en la plaza Bolívar a eso del mediodía, luego se encamino aturdido como borracho del sol hacia la calle padilla y tomando el sector bar Brisas del Río se interno en la espesura del Río.
Camino a playa Chocolate lo interceptaron unos pescadores que lo conocían y le preguntaron para donde se dirigía, Concho le contesto que iba para su casa, los pescadores sorprendidos por aquella extraña respuesta le dijeron que su casa quedaba en El otro lado, en la Chivera. Concho consternado y viendo que la puerca y los siete puerquitos caminaban con él les pidió ayuda. Los pescadores lo trasladaron de vuelta a casa donde concho regreso a la realidad.
Si decides algún día pasar por la plaza Bolívar no se te ocurra pasar solo a las doce del día o la noche, te puedes topar con La puerca y los siete puerquitos, entonces si que las pasaras verde.

CACHO N° IX
EL MILAGRO DE LA CALLE LAS TABLITAS
Casa de Pedro Peroza e Isabel de Peroza donde ocurrió el hecho insólito ubicada en la calle sucre de Yaguaraparo
Era una tarde de Domingo, tarde triste de sol de mono, una luz amarillezca reincidía en el ambiente y le daba un aspecto al paisaje triste y monótono.
El ambiente mortecino desprendía destellos de hojas de luz en las retinas de Nicolasa, entristecida miraba embelesada la llegada de los murciélagos errantes y los cocuyos de la noche. En sus manos temblorosos deshojaba un tierno capullo de cachupina Roja, mientras sus labios deducían melancólicos una enloquecida oración y un conglomerado de añoranzas locas.
Un gemido surgió lastimero de sus palabras rotas y el eco oscurecido de su quebrada voz se esparció sobrio entre la densa quimera de su yo en Do mayor. Por instantes despierta de su mágico éxtasis y deja fugar por instantes su dulcificada mirada en el circundante, algo sobresalto su inquieta soledad y parpadeó suavemente para congelar en la retina el pasear de algunos autos fantasmas y la gente como seres imperceptibles.
Una brisa suave estremeció su piel y le robo su fragancia a hierba buena, esparciéndola en la lacónica ansiedad agónica del milenario y su ave fénix. Sintió por momentos su decadencia social y vislumbro por un instantes sus esperanzas, vivió en breves memorias su presente juventud y saboreo con apasionada inquietud la jugarreta de su existencia común.
Cerró sus parpados y una lagrima brillo como ópalo de resina caliente en sus pálidas mejillas. Se acaricio el semi encrespado cabello castaño y paulatina se removió el que tenia sobre la frente, así quedo largo tiempo, absorta, inmóvil, queda, yaciente entre su silencio y soledad. Ensimismada en su mutismo dejo correr otras lágrimas hasta que estas se escurrieron por la pequeña cadenita de oro, la estampilla de José Gregorio Hernández y luego humedecieron lerdas el escote.
Algo se removió inmisericorde en sus entrañas, sintió que un dolor sobrehumano la embargaba, un amargo sabor a cáncer uterino le revolvió las ansias, le hastiaba el sentido de la vida, la doblegaba a sentir cándida el calor de las cosas de afuera y efímera como el viento temió desfallecer como el sol de mono y las hojas de luz de sus retinas.
Un batir de alas negras se debatieron cerca de su rostro nacarado y una difracción irisada produjo reflejos díscolos en sus labios serenos, bellos, jugosos, sensuales, despertando en el rosado natural de su boca, vahos guturales convertidos en rica fragancia a Colgate Herbal, un amasijo de olores a manzanilla, salvia, mirra y eucaliptos frescos. En la profundidad lejana se oyó el canto lastimero de una piscua, un dejo de superstición se enarboló violento de sus latidos y temió a lo desconocido, sus ojos se cuajaron de lágrimas.
Sin embargo estaba allí, sola, tendida a los fracasos bruscos de su desidia ligera, pendida de una cuerda en el vacío de otro vacío, hundida en su desgracia mortecina, muerta en cuerpo y vida, un lémur hermoso, poseedora de una piel con brillo de seda, de manos tersas y piernas hermosísimas, propias de una efigie Griega, y pensó morir hundida en su agonía misteriosa, el haz turbio de una aureola negra revoleteo paulatina en sus memorias y recordó las entrecortadas palabras del medico: Tienes un cáncer uterino, un fibroma en estado avanzado, te quedan pocos meses de vida, si te operamos puedes morir en el intento, y las palabras del Brujo: tienes en tu cuerpo una extraña criatura que quema tu vientre, solo un milagro, ¡un milagro!.
Un milagro pensó, un milagro, solo un milagro y así quedo largo tiempo, ensimismada, absorta, pendeja, trastocada por momentos de la mente. Un milagro, solo un milagro, ¿pero quien haría tal cosa? y sin pensar mucho agarro aquella estampilla que colgaba de su cadenita de oro, la humedeció de besos, lágrimas, sudor y llanto pérfido.
Fue esa noche oscura de luciérnagas tristes. Mientras el silencio de las calles desencadenada alguna nostalgia impugnada de circunstancias, Nicolasa Urbaneja dormía aletargada en su mas profundo sueño y no sintió en la habitación calurosa aquella presencia solitaria que se le acercaba, no percibió la anestesia, el corte profundo, la sutura en la herida, el olor a alcohol, el remolino de ansiedades ocultas, el respirar del caballero de la noche perderse en las tinieblas del enigma. La operación había sido un éxito, el milagro se había consumado en el cristal de una lagrima noctámbula.
Se alerto la calle solitaria, los vecinos y familiares suspendieron los juegos de Domino y de las cartas; carga la burra y el truco. Un grito barrió ligero el ambiente pueblerino.
-¡Un milagro! ¡Ha ocurrido un milagro en la Calle las Tablitas!
Y así la vieron dormida dibujando una sonrisa en su hermosa tez blanquecina, descansaba de su dolor y furia resignada, soñaba con una nueva vida llena de flores y lluvia de cristal dorado, volar con sus amores a otras islas de sueños y mojarlas con sus retinas de luz ígnea. A su lado tenia gasas ensangrentadas, lienzos blancos color de leche, suturas y bisturís brillantes como diamantes. En la calle una muchedumbre curiosa rodeo la Casa.
Mudos de asombros ante el hecho milagroso uno de los vecinos exclamo emocionado, lleno de complejidad admirable.
-¡la operó el Dr. José Gregorio Hernández! ¡Es un milagro! ¡Un milagro!
Mientras que un evangélico prolifero con hastió.
¡Si Chaco! ese fue el mismísimo demonio para que la gente ignorante crean que los santos de cartón y yeso hacen milagros.
Este milagro aconteció en la calle Las Tablitas, actual calle Sucre. Si visitan al pueblo pueden ir a la casa de la Sra. Isabel de Peroza y preguntarle, mientras ella le brinda un café negro, si esta historia es verídica.


Derechos de autoría prohibida su reproducción
Autor: Eliad Jhosué Villarroel

DESARROLLO DE VIDA INDÍGENA Y COLONIAL EN YAGUARAPARO

VIDA INDÍGENA 1760 - 1771
VIDA COLONIAL 1800 - 1856

1. LA HISTORIA SE INICIA
Pintura al oleo de Fray Silvestre e indígenas de la etnia Guarauna (Autor: Jhosué Villarroel1998, propiedad privada de la Alcaldía del Municipio Cajigal).
Virgen del Rosario, Patrona originaria de Yaguaraparo
DESARROLLO DE LA VIDA INDÍGENA EN YAGUARAPARO
Es el año 1760, nuestra señora del Rosario de Yaguaraparo “antigua misión de Capuchinos Aragoneses” se inicio el 12 de Noviembre de 1760 en la planicie de Yaguaraparo, al norte del Golfo Triste ubicado en la Costa de paria.
Primer asentamiento indígena (1760) Actual Terrenos invadidos de la Alcaldía del Municipio Cajigal, al este del Sector Domingo de Ramos
1. LOS PRIMEROS POBLADORES
La fundación de Nuestra Señora del Rosario de Yaguaraparo, fue consumada a finales del año mil setecientos sesenta, cristalizada en la Costa de Paria, en la banda Sur y la boca del rió “el pilar”, al norte del Golfo Triste, distante de este aproximadamente a un cuarto de legua, asentada la misión en una planicie frondosa, de tierras fértiles y humíferas, productiva para toda especie de frutos y el cultivo del cacao. Distaba del pueblo diez legua de Río Caribe, siete de Unare y Chacaracuar.
La reducida población era de indios Guaraunos que el fraile Silvestre de Zaragoza en ese mismo año de fundada la Misión, había logrado sacarlos de la espesura de los caños, orillas de ríos y lagunas donde vivían. El Fraile había llegado a estas tierras el 8 de junio del 1760, predicador Apostólico, hijo de la Santa Provincia de Aragón y conjuez en la misión de Nuestra Señora del Rosario. Era un hombre sencillo, ferviente a su servicio y amante de los pobres.
El Rvdo. Padre Fray Silvestre de Zaragoza desarrollo el desempeño de su labor en la nueva misión aldeana con tanto esfuerzo y sacrificio, que en un año logra reunir a 50 familia de la Etnia Guarauna, cuyo número fue creciendo y catequizándose al mismo tiempo, el Fraile pudo bautizar del 1760 al 1766 mas de 200 indígenas Guaraos.
En 1761 el padre fraile silvestre de Zaragoza hace constar al Concejo de Indias, que la misión de Nuestra Señora del Rosario de Yaguaraparo era de nación Guarauna, tenia 37 familias, 138 personas y la construcción de 26 casas. Los indígenas no tenían haciendas, algunos de ellos se dedicaban a los cultivos de plátano y yuca; otros acondicionaban terrenos para laboral por su propia cuenta. Los indios andaban desnudos, especialmente los niños y mujeres, incluso cuando se internaban en los bosques.
Las casas no eran insuficientes y menos adecuadas para habitarlas, eran unas chozuelas sumamente deplorables y Las llamadas haciendas solo eran empobrecidos cultivos de yuca y plátano. Otro problema lo causaban innecesario los corregidores que vejaban, mancillaban, golpeaban y dejaban en un estado desprimido a los humildes indígenas. En ese año la misión de Yaguaraparo no tenia construcción de iglesia, solo existía una ermita cubierta de caratas y carente de ornamentos e imágenes.


En su informe Mariano Martí explicaba que los indios no disponían lo suficiente para pagar los tributos: salario al corregidor, el protector o la Caja de la Comunidad, pero que esto podría suplirse de otra manera.
A pesar de las contrariedades el Fraile Silvestre de Zaragoza continúa la intensa labor en el pueblo, enriqueciendo la iglesia con imágenes, ornamentos y alhajas, construyendo casa a los indígenas y efectuando diligentemente su labor personal, siendo para el indio educador, maestro, padre y proveedor, devengando anualmente la cantidad de 111 pesos.
El 20 de octubre de 1766 se registro un terremoto que desbastó la parte oriental de Venezuela. En Yaguaraparo el sismo destruye la iglesia y de igual afecta la voluntad enojadísima de los indios que atemorizados e influenciados por sus costumbres y creencias, creyeron que el Dios de la tierra se enojaba con ellos. Despavoridos por este hecho insólito huyeron espantados en sus delgadas y veloces canoas hacia los caños, buscando la protección del Dios de las aguas. La falta de Misioneros fue otra causa que produjo la salida de los indígenas del pueblo.
El fundador no se detiene en su afanada labor y logra reunir de nuevo a los indígenas, Intenso trabajo que realiza a través de los caños, ríos y lagunas donde habitaban, causando con esta actividad socio cultural la pérdida de la salud.


Sin embargo, era tan humanitario que continuo infatigable su obra social y en ese mismo año es elegido prefecto de las misiones. Para cuando es elegido prefecto de las misiones le habían construido una nueva iglesia más adecuada, una casa parroquial para él y sus allegados.
En el año 1768 inducidos por su inestabilidad social los indígenas huyen nuevamente de la población, dejando abandonadas sus casas que estaban mejor construidas, sus abundantes labores, conucos, la casa del religioso y una hermosa iglesia que era de tres “naves”. Por la falta de operarios se pierden todos los trabajos realizados en el pueblo.
Para el 1769 se produjo un gran incendio que redujo a cenizas varias de las casas que presentaban un estado de deterioro avanzado, la iglesia fue consumida por el fuego en su totalidad.
“En el 1769 ocurrió un hecho que entristeció al pequeño pueblo, su fundador, el Fraile decide marcharse. Esto produjo una carencia de misioneros que desencadeno la salida de la mayoría de los pobladores, quedando aproximadamente en el pueblo la cantidad de cinco a seis familias.
En el 1771 se envió a la pequeña población un nuevo Ministro, el cual restableció la organización religiosa y la labor Socio cultural e intento por tercera vez con las cinco o seis familias que quedaron, llevar aquella fundación a su desarrollo rural. Una ardua y reincidente tarea le toco efectuar al nuevo líder Cristiano para juntar en la población de Yaguaraparo a los indígenas. Sin embargo, la nostalgia de los indios del oriente venezolano, añorando empedernidamente la mágica belleza de los caños, su inestabilidad personal, la falta de actividades de sus costumbres ancestrales y enraizada a su vivencia nómada, se vuelven a fugar en busca de su libertad cultural” y con ese hecho de reincidencia tediosa se dio la misión Nuestra Señora del Rosario de Yaguaraparo como Fracasada. A pesar de esta fuga y resquebrajamiento poblacional, el pueblo había llegado a tener 360 personas, bautizadas 319 indígenas, celebrado y ejecutado 90 matrimonios y 61 personas murieron en comunión, profesando la fe cristiana
Indígenas de la Etnia Guarauna de Bajo Delta
2. “PUEBLO NACIENTE” (El Otro Lado)
DESARROLLO DE LA VIDA COLONIAL EN YAGUARAPARO

Segundo asentamiento poblacional colono español (1805) en el “otro Lado” hoy conocido como Sector Cajigal.
Los pueblos de los indígenas se asentaban en las tierras mas fértiles, por esta causa los españoles no se podían ubicar en estos terrenos, siendo así que para las labranzas y ganados que poseían, no era necesario, se contentaban con el conuco donde cultivaban yuca, maíz, plátano, etc. y para sus vestidos, tenían suficiente con el jornal que ganaban.
Los misioneros siempre se opusieron a que los españoles permaneciesen o se instalasen en las poblaciones misionales, e incluso que ubicaran sus haciendas y potreros en las cercanías de las misiones. Sin embargo, no todos los misioneros participaban de esa opinión, sobre todo a partir del 1770, el Fraile Silvestre de Zaragoza veía en esa convivencia de colones españoles con indios un medio rentable para que estos aprendieran mejor la lingüística, educación, métodos de labranza, la alfarería, etc. Con esta motivación el misionero favoreció esta dependencia e incluso que establecieran sus haciendas próximas a la misión de Yaguaraparo, pero aclarando que con esta acción no debía de perjudicarse de ninguna manera los intereses de los indígenas.
Los Colonos españoles se fueron extendiendo por los valles orientales y directamente donde estaban las fundaciones misionales, aumentando su número considerablemente.
Así fueron formándose otros pueblos fundamentados solo por españoles, entre ellos: San Juan Bautista de Unare, Santa Rosa de Yocorí y Yaguaraparo en la Costa del Golfo Triste.
Al Oeste de la Población de Yaguaraparo, cerca del extremo sur del Rió Yaguaraparo, se asentaron en el 1800 los primeros Colonos Españoles y fundaron al “El Otro Lado”. Identificativo porque el lote de terreno donde se asentaron quedaba al otro lado del rio o de la Misión de Capuchinos Aragoneses, Nuestra Señora del Rosario o aldea de Yaguaraparo.
Diseño Gráfico reconstrucción por PC de la Casa de los Ruices Oduardo en el Otro Lado de Yaguaraparo

Al Oeste de la Población de Yaguaraparo, cerca del extremo sur del Rió Yaguaraparo, se asentaron en el 1800 los primeros Colonos Españoles y fundaron al “El Otro Lado”. Identificativo porque el lote de terreno donde se asentaron quedaba al otro lado del rio o de la Misión de Capuchinos Aragoneses, Nuestra Señora del Rosario o aldea de Yaguaraparo
En esa tierras realengas se ubicaron: Don Pedro Franco, Don Andrés Pérez, Don Juan Ruiz, Doña Moreno y Arcos, ambos padres de los Ruiz y Don Juan Otón viajo acompañado de esposa e hijo y con ellos el Doctor Alonso Ruiz Moreno.Venían afanadamente con la intención de acusar terrenos, buscando explotar la fertilidad y magnificencia de las tierras Vírgenes de Yaguaraparo.
Existían en el poblado veinticinco chozas, advirtiéndose una mayor que las demás, destinada a ser el templo de operación de los misioneros. En el poblado siempre se construía la iglesia, las primeras fueron cubiertas de palmas y más tarde las de bahareque doble, apretinadas de piedras y cubiertas de tejas.
Al lado oeste de la aldea o población Don Pedro Franco y Don Andrés Pérez, a quien denominaban El Gallego, habían comenzado a realizar varios cultivos, en trece “fanegas” y media de tierra que le había cedido el agrimensor Don Roque el 20 de junio del 1800.
Sin embargo, la empresa era difícil para inicial un desarrollo agrícola, en la inhóspita región se necesitaban recursos económicos, como en igual de constantes sacrificios y esfuerzos que impulsarían la ejecución de los trabajos de talar, limpiar, sembrar y poblar las acérrimas montañas, llanuras y selvas vírgenes de Yaguaraparo. Frustrado por estos motivos, las esperanzas de Don Andrés Pérez y Don Pedro Franco se desvanecieron, teniendo que marchar de vuelta a España. Las tierras que el 10 de junio del 1800, le habían otorgado en posesión a Don Andrés Pérez pasaron a mano de Don Alonso Ruiz, quien realizo otras compras y acusaciones. (A finales del año 1804 Yaguaraparo pertenecía a la jurisdicción del Cantón de Punta de Piedras en la Gobernación de Cumana).
Fabrican con tecnología popular sus primeras herramientas y en el 1806 Don Juan Ruiz realiza una nueva acusación de tierra y en 1807 otra por Don Juan Otón. La añoranza irresistible por su País limita sus sueños e impulsa que estos establezcan una sociedad como único recurso de respaldo a sus tierras que quieren abandonar. En esta sociedad, la primera registrada en el naciente pueblo, queda nombrado Don Alonso Ruiz como el representante principal.
       Con entera dedicación inició Don Alonso Ruiz a administrar la hacienda “El otro lado,” y con un nutrido número de esclavos talan los grandes bosques y en largas extensiones de suelos humíferos aran la tierra.
ACTIVIDADES PRODUCTIVAS, CULTURALES Y SOCIALES QUE SE EJECUTARON A RAIZ DE LA FUNDACION DEL OTRO LADO
A ambos lados del “Río Yaguaraparo” cultivaron la yuca, camburales, platanales, cacaotales, café, maíz y grandes plantaciones de cañamelares. La caña dulce se procesa en la molienda y se produce el azúcar al estilo prieta o moscabada, esta producción agro ecológica se constituye en una de las primeras empresas de desarrollo socio productivo de Yaguaraparo. Surte de Arroz la inmensa llanura y prontamente ejerce la ganadería, constituida en el ganado vacuno que solían pastar en la inmensa sabana, que al paso del decurso se conocería como Venturini. Para trasladar sus productos, Don Alonso Ruiz construyó un lomo de perro que se iniciaba desde el patio de su casa a (asentada en el “Otro Lado”) y terminaba en el Golfo. Para ello realizo una ancho y hondo canal y junto a su lado derecho (Oeste), un alto tumulto de tierra apisonada y removida del mismo canal. Con este camino carretero construyeron la primera vía de penetración rural de la zona, que fue denominada “El lomo de perro”.

“El Otro Lado” Hoy sector Cajigal, con vista desde el río Yaguaraparo
       Por el “lomo de perro” comenzaron a transitar los carretones halados por mulas que cargaban el opulento cargamento de azúcar, cacao, arroz y café. Por el canal transitaban pequeñas canoas que llevaban los cambures y plátanos recogidos a lo largo del remanso. Este hermoso trayecto fluvial era serpenteado por gigantescos árboles de frondosos bucarales que sombreaban las plantaciones de cacao. Estos árboles a inicio de febrero y a finales del mes de abril alfombraban el suelo con cientos de flores “gallito,” a las cuales le daban el seudo nombre por su similitud con estas aves.
En una isla extraviada entre la densidad de los manglares, cerca de Guariquen y Yaguaraparo construyeron el horno de cal, en el cual fabricaron las primeras tejas y ladrillos. Esta isla por ser la sede de la empresa de alfarería, la titulan: “La Isla del Horno”
En las que hoy se denominan las montañas de Cerro Grande, suelos ricos en tierras calizas, al norte de Chorochoro y al Este de Barceló, cerca del Caserío de la Montaña de Yaguaraparo, construyeron en el suelo varios hornos en forma oblicua y con 2 mts y medio de profundidad, fabricados con piedras y barro para el procesamiento de la cal en forma rudimentaria, materia prima que era utilizada para el lechado y pintura de las casas y en igual forma para su exportación e importación a otras misiones y pueblos españoles.

En una isla extraviada entre la densidad de los manglares, cerca de Guariquén y Yaguaraparo construyeron el horno de cal, en el cual fabricaron las primeras tejas y ladrillos. Esta isla por ser la sede de la empresa de alfarería, la titulan: “La Isla del Horno”.

       En las que hoy se denominan las montañas de Cerro Grande, suelos ricos en tierras calizas, al norte de Chorochoro y al Este de Barceló, cerca del Caserío de la Montaña de Yaguaraparo, construyeron en el suelo varios hornos en forma oblicua y con 2 mts. y medio de profundidad, fabricados con piedras y barro para el procesamiento de la cal en forma rudimentaria, materia prima que era utilizada para la lechada de pintura de las casas y en igual forma para su exportación e importación a otras misiones y pueblos españoles.
En los palmares, En un pequeño islote en forma redondeada y con una altura considerable, rodeado por dos quebradas construyeron un horno en forma de medio arco con grandes y gruesos adobes crudos. En este horno fabricaron tejas y ladrillos.
 Don Alonso Ruiz dona fanega y media de tierra, al Otro lado en lava pié para la formación del pueblo.


Plano que identifica parte de la finca de Ruiz Moreno en Yaguaraparo, sus linderos y la fecha que fue expedida la certificación: Cumana 8 de febrero de 1899.
Tercer asentamiento poblacional terrenos donados por el Dr. Alonzo Ruiz para la formación del pueblo.
En el 1810 Don Juan Otón frustrado de aquellas tierras donde no obtiene ningún beneficio y no logra sus sueños dorados, vende sus derechos a Don Alonso y este hereda mas tarde los derechos del hermano.
En los años 1811 - 1812 -1813, fueron días de torturas y desasosiego en Yaguaraparo por el movimiento revolucionario de la emancipación venezolana.
En esos tiempos de turbulencia emancipadora, contrae nupcias en Cumana, el 20 de abril de 1813 Doña Matilde Odoardo Granadores, viuda de Cajigal con el Dr. Alonso Luis Moreno. Es así como su hermoso y blanquecino rostro alumbra la alboradas más oscuras del español y médico cirujano Dr. Alonso Ruiz, lo mima y cuida como un niño, mientras el corresponde su ternura con el amor más sublime, respetando profundamente los recuerdos que aun bullen serpenteantes de la memoria entristecida de Matilde por su antiguo esposo fallecido.
Con ella se trae a las tierras fértiles Del Otro Lado sus dos hijos, entre ellos a Juan Manuel Cajigal que tenía 13 años para esa época. El Dr. Alonso Ruiz no escatimo desde temprano ofrecerle afecto al niño Juan Manuel, enseñando en la Casa del Otro Lado a Juan Manuel con sabiduría el amor por las ciencias, la astronomía y el espíritu de investigador científico que despertaría en Cajigal hasta el final de sus días.
Y mientras esto acontece Doña Matilde actúa con mucha prudencia en aquellos días turbulentos y de grandes emociones, pues es patricia y tenía que moverse en un círculo de realistas peligrosos. El Dr. Alonso Ruiz Moreno era en aquel entonces en Yaguaraparo Medico del Ejército.
  Matilde tenía amiga íntima y patricia, Doña Soledad Arismendi de Bermúdez quien vivía en la hacienda de la Soledad en la Fundación de Irapa, eran las dos un contacto primordial y sigiloso para los patriotas y los habitantes en “El otro lado”, la finca de Don Alonso Ruiz en Yaguaraparo.
El 13 de enero de 1813, luego de la derrota del General Gabazo en Güiria por el Coronel Santiago Mariño, Francisco Bermúdez, Manuel Piar y Manuel Valdez; Francisco Bermúdez, Sucre y otros patriotas atacaron a Irapa entrando por el Norte, en esta batalla el realista Cerveris se da a la fuga, trasladándose por tierra a Yaguaraparo.
Los encuentros de ambos mandos son bruscos y violentos, se escuchan los halles y las maldiciones de la guerra libertaria y en una de esas ocasiones sangrientas Bernardo Bermúdez destroza las flecheras enemigas. Cerveris se ensaña y ordena que le traigan a Bernardo Bermúdez vivo o muerto, los agentes de Cerveris hacen preso al patriota quien es llevado herido a Yaguaraparo. En la hacienda de “El Otro Lado” se encuentra Don Alonso Ruiz Moreno quien atiende a los heridos caídos en la batalla emancipadora, el Dr. Es amigo profundo de los Bermúdez y de Doña Soledad de Arismendi.
Cerveris quiere fusilar a Bernardo Bermúdez al pie de un centenario Samán de la Plaza Principal, el Dr. Alonso Ruiz Moreno se opone y también el pueblo que clamaba en vítores por su vida.
Cerveris respetaba al Dr. Que pertenecía al ejército español y primer director del hospital de Cumaná fundado por Don Vicente Amparan cuando fue Gobernador del mismo pueblo. Cerveris accedió a las peticiones y lo deja encarcelado.
Días después, Cerveris se entera de la derrota de Monteverde en Maturín y el triunfo del General Santiago Mariño al tomar a Cumaná, viéndose perdido y airado entra en la habitación donde se encontraba dormido Bernardo Bermúdez y le traspasó el corazón con su espada.
Al saber lo ocurrido con Bermúdez el Dr. Ruiz Moreno acude al lugar de la tragedia y recrimina a Cerveris su cobardía y crueldad. El Dr. Alonso Ruiz toma el cuerpo yaciente de su amigo Bernardo Bermúdez y lo traslada hasta su hogar en la Casa del “Otro Lado” que quedaba cerca del remanso del Río Yaguaraparo, allí fue velado tristemente y por última vez el cuerpo de un aguerrido e ilustre patriota de la independencia de Venezuela. No existen datos si fue enterrado en el Mausoleo de Doña Soledad en Irapa o en el Primer Cementerio de Yaguaraparo demolido en 1910.
Al enterarse de la muerte de Bernardo Bermúdez, el General Juan Bautista Bideau que peleo en Yaguaraparo y escolto Familias hasta esa población, ocupa la mencionada población el 20 de agosto de “1813” año 1º de la independencia y confisca todos los bienes de los colonos españoles, entre estos los del Dr. Alonso Ruíz Moreno en El Otro Lado y los de su Hermano Don Juan Ruiz.
“Los sucesos en Yaguaraparo el 1813 no atemorizaron a la hermosa y delicada Matilde que se traslada el 1814 a Río Caribe, coincidiendo su llegada con el desconocimiento del Libertador en Güiria. Bolívar tenía que llegar sin ser visto a Río Caribe para reunirse con su fiel amigo el General Cedeño”.
“Se planifica un baile para disimular su presencia entre los patriotas y al cual debía asistir Bolívar. "Matilde ofrece su hogar conocido como la Casa Grande, situada casi diagonal con la Iglesia de San Miguel Arcángel. No se llevo a efecto el baile por lo difícil de la situación, pues Bolívar apenas tuvo tiempo de conversar con Cedeño en el Zaguán de su casa (actualmente Calle Rivero Nº 65) para intimarse el plan de guerrillas que habría de sostener los meses subsiguientes”.
“Matilde atisba las huestes patricias, toma los difíciles caminos del Pilar a Guariquen y por la Isla del Horno, que es propiedad de Ruiz Moreno, donde están los peones que sacan la Cal y quienes le prestan ayuda desembarca en las costas de Yaguaraparo, por un caño que sale al Golfo de Paria y hiende parte de la sabana, luego a caballo y a pleno galope se presenta campante por el fondo de las haciendas al patio de la casa de El Otro Lado cuando menos la espera su esposo.
“Así es Matilde”, solía decir, y desde entonces el caño lleva el nombre que le puso Don Alonso por la genial travesura de su esposa: “El Caño Matilde”.
El año 1815 marca un cambio brusco en la familia. Los realistas ganan unas posiciones y los patriotas otras. Dominado el Oriente algunos patriotas quieren hacer efectiva el embargo del General Bideau de la Finca del Otro lado que son tierras cultivadas desde la playa hasta Bohordal y la sabana de Yaguaraparo con su zona de bosques.
Los Ruiz Moreno se marcharon de Yaguaraparo, pero cuando Bolívar regreso en el año 1816 a Venezuela hace que les devuelvan sus bienes que estaban bajo la custodia del General Arismendi. Esta operación es causada por los gratos informes de José Francisco Bermúdez y el General Mariño expresados por los servicios prestados por Don Alonso Ruiz a los patriotas.

Aclarada la situación de los Ruices y vueltos a su patria chica, los lazos de amistad de Doña Soledad de Arismendi, el General Arismendi y Mariño se acentuaron y siempre visitaban al Dr. Alonso Ruiz Moreno cuando pasaban por el pueblo, en igual, Sucre y Mariño visitaron en diversas ocasiones la Casona de los Ruices Oduardo en “El Otro Lado” de Yaguaraparo.

Autorìa y recopilación de: Eliad Jhosué Villarroel

LA FABULA DE MARA




AUTOR: ELIAD JHOSUE VILLARROEL
AÑO: 1990
LUGAR: Yaguaraparo del Municipio Cajigal
1. SINOPSIS

Cuando el fraile Silvestre de Zaragoza incursiona en las tierras realengas y selváticas del Municipio Cajigal el 8 de junio del 1760, y funda la población de Yaguaraparo el 12 de noviembre de 1760, una dulce joven indígena de la etnia Guarauna decide no marcharse con sus padres lejos de los caños donde habitaba para irse en pos del Fraile y de la nueva fundación de la Virgen del Rosario de Yaguaraparo, Mara al desobedecer al cacique rompe con las leyes de la tribu y es desterrada de su pueblo por su propio padre Guarumo, el cacique de la aldea Guarauna.

Su amado Ocumo angustiado por el repentino infortunio confirma a Mara que quiere marcharse con ella al destierro, pero en forma secreta y le entrega un minúsculo cocuyo para que le guíe en el camino hasta la Isla Puntarenas donde la dejaran abandonada hasta que muera de hambre o sed. Sin embargo, cuando Mara es traslada por el piache en la curiara, ocurren imprevistos que no permiten a Ocumo unirse a su amada Guarauna. Mara en la soledad del Golfo Triste y en la penumbra de los caños se convierte en una Mariposa Alada, para volver donde estaba lo más codiciado de su corazón, su madre Majagua y Ocumo. Convertida en Mariposa peluda (palometa peluda o Hylepsia Metabus) hace un recorrido sobre las turbias aguas del Golfo para llegar hasta su aldea, donde inesperadamente le espera el más horrible destino.

LA FABULA DE MARA


Es el siglo XVII, 8 de agosto del año 1760, entre la espesura del golfo se sienten unos pasos, palpitaciones aceleradas y cansancio bronquial, se nota la angustia y el hambre, desesperanza y desolación, a veces un punto oscuro en la lejanía halófila que luego se torna más definido. Es un hombre de piel blanca, un español, un fraile, un visitante de las tierras de Aragón de España, su meta es construir un nuevo poblado con la finalidad de inducir en los indígenas un nuevo culto a su religión geopagana, Fray es un invasor del continente Europeo internado en Golfo Triste para clonar indeleble su línea de influencia europea a los Guaraunos y arraigar su transculturización o nuevas ideologías sociales a los habitantes de una zona virgen y tranquila.

Suda mientras tácito camina enmudecido por la belleza natural que lo trastoca y pierde por momentos, se siente aturdido y al no ver otra silueta humana cae de rodilla, se persigna y reza, reza por encontrar almas perdidas. Piensa que es un reto para la sacristía y se llena de emoción soñando despierto, sin embargo, se levanta trajinando su desdicha, contempla el panorama, todo por igual lo perturba, hojas, mas hojas y arboles de oblongos manglares, natura halófila que lo arrumaba a buscar donde quizás no existía civilización alguna, vuelve a caer de rodillas y tartamudea, se siente más solitario que nunca, solamente el trino de las aves cantarinas lo hacen vivir, al final de los arboles ve el siseo de un punto de fuga iluminado entre el inferior sotobosque y sigue la luz tratando de hallar camino, mas todo sigue igual.

Por instantes se inclina a diversos pensamientos profusos, tan hondos que siente penas por el mismo, el barro del golfo golpea sus sienes manchadas de sudor acuoso, se vuelve a levantar hastiado sintiéndose pegajoso y salado como el mismo salitre del fangal del caño, vuelve a caer de rodillas, se siente más aturdido y le pide a Dios por Misericordia.

Un cazador indígena oculto entre la espesura del manglar lo descubre, es de la etnia Guarauna, habitante de los caños, el indígena se impresiona, queda absorto en breve, trata de identificar o enfocar con claridad lo que tiene ante sus ojos, extrañado por aquella rara visión, piensa que es un Dios o demonio del bosque y huye atemorizado.

El Fray sigue su angustiosa caminata, su “batola” pastoral se le pliega al cuerpo como una segunda piel, siente calambres en el estomago y dolores en los músculos de las piernas, los pies los siente entumecidos por la humedad del suelo arcilloso, de légamos y de un color gris plomo, las raíces infinitos opérculos de los mangles son como espinas suaves que al pisarlas una y otra vez le hacen daño, las sandalias se vio en la obligación de abandonarlas,  porque se le rompieron en el pegajoso chapucero del fangal.

Y siguió dando pestazos en aquella selva umbría, fría, pantanosa, igual en todas partes, era como deambular en un laberinto que carecía de principio y de final, parecía un universo de insomne misterio  traslucido. El exótico paisaje para Fray silvestre de Zaragoza era espectacularmente hermoso, el contraste, el verdor, el brillo prolongado del sol, aquellos inmensos arboles larguiruchos eran como rabos oblongos que surgían ahítos de la madre tierra.

Fraile Silvestre se detuvo exhausto, dolido, angustiado, le dolían hasta la punta de los cabellos, el pobre franciscano lleno de sudor y barro portaba una mochila donde guardaba algunos asuntos de féminas para regalos de sorpresa a las hembras indígenas, diría él, locas, alegres, juguetonas y alborotadas. Con este trajín y ya casi para darse por vencido vio una luz en el punto de fuga, al final de la línea horizontal, entre los árboles, en el perfil de su búsqueda imaginaria presintió un movimiento, era un humano desnudo con algo en las manos que lo miraba asustado,  se sintió feliz por primera vez y en señal de gracia levanto aquella improvisada cruz, construida en manera rudimentaria para servirse de bastón y signo religioso, fuente de apoyo, soporte y estímulo de fe para proseguir el camino andrajoso.

La Selva halófila fue testigo de aquel misterio de la cruz de Caña y mamure, de las lágrimas de aquél hombre y su quejumbre pesada, ahora estaba alegre y mientras sollozaba de felicidad le daba gracias a Dios, este hallazgo le hizo brotar adrenalina en su desfallecido cuerpo, hundió con fe y fuerzas la punta inferior del improvisado bastón en el barro en señal de victoria, con esto estaba marcaba un nuevo territorio español y la pérdida de la soberanía de los pueblos nororientales que pertenecían a los Guaraunos, desde ese día la etnia perdería los derechos de sus manifestaciones, identidad y a su libertad socio cultural.

¡Gracias señor! ¡Gracias! Dijo aculebrado y se persigno de nuevo, sintiendo un gran alivio interior.
El indígena corrió asustado y se encuentra con varios de sus hermanos Guaraunos, están cazando cangrejos azules para alimentarse con ellos asados, puestos sobre brazas o crudos como aun lo hacen los habitantes de Yaguaraparo. La caza del cangrejo azul es una tradición de culinaria indígena de hace más de 300 años y actual se mantiene vigente en el pueblo, una cultura de la gastronomía indígena consumida ancestral por la mayoría de los pobladores.

El indígena que parece ser el jefe de aquel grupo llega todo alborotado y comienza a realizar una danza ligera, pegando saltos dislocados y gritos locos, como poseído. No se sabe si eran de rebeldía o de agreste bienvenida, los demás enmudecieron sin saber de aquella locura o demencia repentina y reconociendo la jerarquía de aquel jovenete se apiñaron a su lado, algo sucedía pensaron y esperaron lo inevitable.

El jovencito luego de varios giros y zancadas entre el chapoteo del barro fangoso y oliente a azufre señalo su redescubrimiento con emocionante tertulia. JU, JU, JU… grito enardecido, de admiración o de protesta comunitaria, ¿qué diablos era aquello? quizás pensó perturbado, un hombre con algo oscuro puesto encima, un enorme chichón en la cabeza y la piel clara color de los bagres amarillos del golfo.

Los indígenas Guaraunos eran dóciles y no eran caníbales, propiamente dicho eran recolectores marinos, de frutas y algo carnívoros pero de carne animal, aves y otras cosas. ¿Conocían del fuego? Claro que si, en los estudios e investigaciones que hemos realizado en el Municipio Cajigal del estado Sucre en Venezuela, logramos reunir ciertos acopios de la vivencia de esta etnia que aún permanece vigente en el tiempo, entre este aval tenemos partes de piezas, tiestos o vestigios cerámicos que fueron cocidos en forma rudimentaria y sin ningún tipo de técnica afín que determinara que sabían utilizar hornos para su cocimiento, la manera de cocer sus tiestos de barro era extendiendo la pieza cerámica abajo o encima de maderos encendidos, lo que denomino desde mi punto de vista: quemado a la leña. Estas piezas no se quemaban en su punto alfarero, debido a que las paredes quedaban crudas en el centro, las cuales con el tiempo se tornaban negras y externamente se ponían de un rojo opaco causado por la abrasión exterior del fuego, esta situación de cocimiento rudimentario era procesado sin ningún tipo de presión o un cocido técnico integral.

Las piezas indígenas son porosas porque no las tamizaban, quedaban con cierto grado de arenisca y de piedras pequeñas, esto nos dejó la manifestación peculiar de la artesanía cerámica de los Guaraunos, piezas de origen rudimentario, de estructura muy frágil e inestable, pero adorables y bellas para aquel que logre conseguir una sola en buen estado. ("Es para el que entienda, el que no logre entender mejor que se quede quieto o si no yo mismo lo pondré en su lugar")

Después de haberte imbuido en toda esta trastada, que te hace reír o quedarte sorprendido: El pobre Fraile Silvestre de Zaragoza se entusiasmo tanto con aquellos jovencitos y niños de la tribu Guarauna y sin pensarlo dos veces se acerco muy orondo, sabiendo bien que algunas tribus venezolanas como los Guerreros y feroces Caribes, se habían a despachado en el amazonas a varios de sus hermanos de religión, recordando esta barbarie en la masa gris a cien por minuto, trago seco.

Los Guaraunos seguían la danza frenética, más bien parecía hostil que amistosa. Las indiecitas se enculillaron y recularon un tanto impresionadas, otras curiosas, pero en fin con el corazón que amenazaba saltar con violencias del pecho.

Los indios levantaron sus lanzas en señal de amenaza, los gritos irrumpieron el quietísimo desvelo de los vientos marinos del golfo muerto, el trinar de las aves y el caminar de los cangrejos azules.

El trepidante canto de los desnudos era una música celestial para el párroco y sin temor alguna, apoyándose fuerte en su mancomunada fe con Dios, tomo fuerza su marcha y se adentro con bastante normalidad al centro de aquella danza cantarina. Quizás exclamo con culillo: ¡Dios mío en que berenjenal me he metido! Me imagino más bien en vez de berenjena menciono al plátano. Quizá le mentó la madre a quien lo había encomendado para aquella dificilísima Misión. ¡Hasta yo por ser cristiano! ¿Imagínese si hubiese sido usted? Le hago una preguntita ¿Qué hubiese hecho? De todas maneras no le estoy colocando un serrucho en la garganta para que conteste.

Cuando Fray llego al centro de aquella ceremonia de hostil bienvenida se acobardo un poco y se embutía en pensamientos dispares a cada embestida que le hacia el jovencito indígena, en la primera revuelta el fraile reculo tres pasos, después varios trancos entrecortados hasta que exhausto no lo hizo más, el joven indígena se dio cuenta que Zaragoza no tenía miedo alguno y grito enardecido en su lingüística algunas parrafeadas que el Fraile Aragonés no entendió ni chispa.

Seguro le mentó la madre, digo yo, y de paso quizá diría en su interno enturbiado el chorreado cura, ¡la tuya por si acaso! o corroboraría en silencio el angustiado Fray Silvestre, sin atrever a alborotar mas aquel avispero que estaba esperando que se resbalara para ensartarlo como a un perro.

Las niñas y adolescentes hembras decidieron tomar aquel barro chapucero y se lo arrojaron contundente a Zaragoza que trato de protegerse el rostro con las manos. Después de un gran aventando de charco en su cuerpo el fraile se canso de aquel maltrato y disponiéndose que no era bienvenido dijo: ¡Tranquilos, tranquilos! con esta preposición los indígenas guardaron de súbito silencio, el párroco siguió sus palabras inspirado como si de un discurso político se tratase: he venido desde muy lejos, en nombre del señor le tengo buenas nuevas, solo quiero que me llevan con su cacique, con su jefe. Los indígenas no comprendieron el sabio castellano de aquel invasor español y creyendo que era una perorata incuestionable o simple, una burla de aquel Dios o demonio blanco volvieron a romper aquel silencio con su canto desbordante. Ju Ju ju ju…

Fraile Silvestre de Zaragoza había quedado un poco abatido después de su corto discurso, detrás de los bastidores de un embajador de chicota, en igual se sentía envalentonado por el primer silencio de los indígenas.

Sin embargo, aquel avispero se volvió alborotar y gritaron con más energía, el Fray sintió una angustia deplorable y sintiéndose como mísero mártir expreso solapado: ¡Tranquilos, tranquilos! ¡vengo en son de paz! Afincándose en su fe volvió a balbucir en tono suplicante: en nombre del señor traigo buenas nuevas, vengo en son de paz, en son de paz, sois amigo, ¡amigo!

El Fraile siente en la misma piel viejas circunstancias sociales, de identidad, de lenguas, mundos distintos, dios y dioses, interrelaciones dispares sin convergencias afines y deslumbrado por aquella inquietud se siente desplazado e imposibilitado a cumplir su misión, viendo presto el final de su campaña religiosa, de ornamentación, santos de madera, yeso y cartón, exclama en latín agonizando en su estrepada evangelización; ¡en el nombre del espíritu santo!

Los Guaraunos que no entienden lo que dice aquel extraño hombre gritan a coro una labia que enloquece al cura, Fray presintiendo su propio sancocho, empalagado y pasado a candela pierde su fuerza emocional, se aterroriza y gimotea: ¡no me matéis, no me matéis! como loro viejo vuelve a recaer en su frugal mensaje para repetir lo mismo: he venido desde muy lejos, en nombre del señor, traigo buenas nuevas, solo quiero que me llevan ante su jefe.

El indiecito se acerca chacarero y sintiéndose dueño de la escena aprieta su lanza a similitud de una estaca y la aprieta con fuerza hasta que los nudillos se tornan blancos como la leche…(Falta un tramo de historia)

CUATRO MESES MAS 4 DIAS DESPUES...


Yaguara o Río de los Corozos es un pueblo Guarauno, sus habitantes Vivían en bohíos dispersos, e internados en los caños del golfo y en la Selva Virgen. Fray Silvestre de Zaragoza ha Logrado reunir a varias familias en un lugar estratégico para la formación de una nueva misión o pueblo. Sin embargo el piache o brujo de la tribu no estaba de acuerdo con Fray silvestre de Zaragoza y decidido trata de intimidarlo para que se retire de la tribu.

En la reunión toda la tradicional superstición del piache es patrimonio de la tribu, quienes temen al hombre del embrujo, el cual, según sus creencias, tenía el poder para lanzar un mal a distancia.
En un ceremonioso rito, junto al crepitante fuego y sujetando entre sus curtida mano la maraca sagrada, en la cual guarda “los carezco” o espíritus tutelares se preparaba para expresar con rebeldía la JOA ofensiva.
El piache irrumpe danzando y gritando en tono amenazante, moviendo violentamente la lanza y maraca sagrada mientras grita con extraña rebeldía. Después de varios giros y enloquecidas piruetas alrededor del fuego se detiene bruscamente para decir en tono misterioso. “Yo soy el JOARATO, el mago guarao, el hombre más temible de mi raza. Nadie sabe como yo, la DOAMATUMA, la jerga piachera.

Yo soy el padre de la JOA ofensiva o libertadora, por eso también me llaman JOA A RIMA.
Hay seres que tienen poder y hacen daño a otros y existe un mundo de los agentes del mal físico o de lo que causa el mal.

Como toda “JOA” es mala yo soy su amigo que la ensalmo, para manejarla a mi capricho, para que me obedezca no por la fuerza si no por la simpatía. TODOS LOS WARAUNOS ME TEMEN. ME TEMEN…

Y ahora yo lanzaré un ensalme maléfico, una JOA ofensiva a mis enemigo y a ese blanco que anda por allí.
(Con ira salvaje) ese blanco… Yo no lo he visto, pero mis dioses se enojan con su presencia, Lo odio, lo odio…

Hace varios giros danzando y dando gritos, suelta ágilmente la lanza que tenía en el suelo y se sienta en un tronco para fumar una guina (tabaco largo). Cuando se siente como transportado, se levanta y lanza el estribillo de la JOA.

Dialecto Guarauno
miana miana
ano yabe sanuka tecore
mianan miana
utide yatarone
ji sabe naca to aye ine
yori guabayacuna
yori musenobarayacuna
yori boiboto yekuna
yori jauana yecuna
yori sinaka yakuna
yori inarebaka yekuna
yori tututu yekuna
Traducción
joa joa
con la llave pequeña por la cintura amaradle sin piedad.
joa joa
oh tu aunque lejos estas
alla te disparo mi joa
que te mueras
que te enfermes
que te debilites
que vivas en continuo temor
que te aflijas de tristeza
que vivas inmovilizado
y que siempre estés temblando

        Después de realizar varias cabriolas y morisquetas el piache danza sobre el fuego, dando espeluznantes saltos para después retirarse cansado y sudoroso, devorado por las penumbras de la noche.
La planicie se extiende inacabable desde el Valle de Yaguaraparo, revestida al sur con una inmensa sabana que adorna sus adyacencias con la densidad hermosísima de los Manglares y las aguas de un amarillo ocre en los fangales de los Caños.

       El sol brilla intenso en la planicie, filtrándose entre la densa vegetación de manglares, miles de cangrejos azules se pasean sobre el barro lagañoso del manglar y en el aire planea el gavilán criollo, realizando espectaculares cabriolas para cazarlos. Contrasta el paisaje con las Cidras rojas, tejiendo un vistoso matiz con las garzas blancas, los gallitos laguneros y los patos silvestres cuyos ennoblecen la magia de aquellas tierras vírgenes. Entre esa espesura, bordeando pequeñas trochas se acerca extenuado y sudoroso el Padre Fraile Silvestre de Zaragoza, quien es acompañado por el indio Yaco.

    El 12 de noviembre de 1.760 va ocultando sus rayos mortecinos y sobre la verde campiña de Yaguaraparo flotan en el aire los ritmos Indígenas de la Tribu Guarauna, mientras Fray Silvestre de Zaragoza les habla por primera vez se y se inicia la fundación de un pueblo que será una noble endecha del oriente de la Patria Venezolana.

Fray Silvestre de Zaragoza ha permanecido en silencio observando el desarrollo de la ceremonia. Los indígenas Yaco y Yaguarú se han mezclado con los bailarines. Terminando el baile, se anuncia el Cacique que avanza muy ceremoniosamente.

       El Cacique: Silencio. Ha llegado hasta nosotros un blanco. Se llama Fray Silvestre de Zaragoza. ¡Ha tratarlo como amigo!

Fray Silvestre: Te saludo, gran Cacique ¡vengo de muy lejos y quiero quedarme contigo y tu tribu aquí. ¡Quiero ser tu amigo!

         El Cacique: (Receloso) ¿vienes de lejos hasta aquí? ¿Y que buscas?
Fray Silvestre: Traigo para ustedes el mensaje de amor de un Dios. Un Dios que los ama, además quiero enseñarles muchas cosas que se, en vez de estar lejos los uno de los otros, nos asentaremos todos allá, en aquella planicie, organizados para formar una población y viviremos como una sola familia que se llamara el pueblo de Yaguaraparo.

         El Cacique: ¿Qué dicen los hombres de mi tribu?
Los indios: Hacen una aligera inclinación de cabeza mientras uno habla en nombre de todos. ¡Estamos a tus órdenes, Gran Cacique!

         El Cacique: Siéntense (luego se dirige a las mujeres) sirvan y traigan el “cachirí” en señal de regocijo.
Fray Silvestre observa con profundo respeto la actividad socio cultural; mientras continúa embelesado en aquella ceremonia indígena se le acercan unos niños curiosos y le brindan el “cachirí” en una totumita.
         El Cacique: Bebe como nosotros el cachiri que emborracha a los indios y los hace feliz.

Fray Silvestre: (Bebe un poco) les he dicho que vengo a vivir con ustedes. Ser uno más aquí. (Disimuladamente deja a un lado el “cachiri” y con unos niños a su lado eleva esta plegaria: Señor tu sabes con cuantos sacrificios he llegado hasta aquí. Señor solo tu sabes lo que me espera, pero todo lo he dejado por ti, por estas almas que redimiste con tu sangre y que no te conocen. ¡Señor ayúdame a lograr estas almas para ti!

        Tienen fama de tercos y huraños pero en las manos de María coloco esta tribu y estas tierras en la que San Rosario ofreció para triunfar contra la herejía de los albigenses y triunfó, también vencerá algún día haciéndolos suyos, por eso la pondré como Patrona de este pueblo.

EL Cacique: ¡indios de la tribu Guaraunos! En adelante llamaremos a este pueblo Nuestra Señora Del Rosario de Yaguaraparo, pues lo doy como fundado hoy 12 de noviembre de 1.760 
         Los indígenas exclaman en plegaria ¡gracias, Señor!

La noche se acerca ligera y las aves diurnas comienzan a recogerse, mientras siguen eufóricos los ritmos de los cantos, gritos y tambores Guaraunos.

       El piache regresa enfático con la entrada de la tribu a la planicie, se sienta hostil y con la sangre de hirviente ira se enojaba una y otra vez al ver que el Cacique y la Tribu han aceptado a Fray Silvestre, impotente se pierde entre la densa oscuridad, sin antes vaticinar el futuro y de echar una horrible maldición: los hombres guaraos no estarán mucho en estas tierra que serán malditas para siempre, estas tierra serán signos de sangre, sudor, miseria y una plaga que vendrá de tiempo en tiempo y no dejara vivir a sus habitantes. Terminando su macabra acotación da rienda suelta a una carcajada cavernosa que se esfuma con el viento lastimoso.

La tribu se llena de un espanto embutidos entre el misterio y la magia del piache, el padre de Ocumo, el prometido de Mara.

SIETE DÍAS DESPUÉS


       Mara era una hermosa joven indígena de la tribu de los Guaraunos, hija del cacique Guarumo y la cacica Majagua.

         Cuando decidieron marcharse de sus tierras que estaban ubicadas entre los caños del Golfo para ir en pos del Fraile Silvestre, Mara la hermosa indígena les dijo dulce a sus padres:
         Padres míos yo no quiero desobedecerles a ustedes, pero yo no quiero marcharme de mis tierras, allá no es seguro y aquí nos protege el Dios de estas aguas que son tan limpias como los ojos del cielo.                
-      Hija mía (le dijo el cacique tratando de convencerla) tu sabes que ese señor de piel blanca ha venido a traernos buenas nuevas y nos ha prometido un Dios de verdad que nos traerá paz, gozo y otras tierras donde podemos cultivar todo el maíz y la yuca que queramos.
               Mara se entristeció mucho y enojándose con sus padres les dijo gritándoles.
- ¡           Eso es mentira! ese hombre es un demonio blanco que ha venido desde el sol, disfrazado de Dios para engañarnos y robar nuestras almas, ¡no quiero irme!

- El cacique molesto por aquella afirmación de Mara endureció la cerviz y levanta la mano para azotar a su hija, pero se contuvo, porque la amaba mucho. Su esposa la cacica Majagua le dijo, mirando fijamente el suelo.
- Y  o se que nuestra hija esta desobedeciendo y eso atenta en contra de nuestras costumbres, me duele mucho el alma y se me parte en pedazos mi corazón. (Al susurrar esto se abraza al cacique para luego terminar diciendo) nuestra hija debe ser castigada con el destierro, si no lo hacemos seremos castigados por el Dios de las aguas y vendrán los dioses de la tierra de los muertos a castigarnos. Nuestra aldea pagará las consecuencias de nuestra desobediencia.

-               Guarumo se abraza dolido a su esposa y mirando por última vez a su hija Mara dice: desde esta noche haremos una velada que durará tres días y tres noches. Anda ve y dile a la tribu que no reuniremos cuando la luna raye las copas de los árboles y le hablas al piache y le da mis instrucciones para que haga los preparativos, mañana antes que despunte el sol deberá de llevarse a nuestra hija con destino al destierro, allá en la isla Punta de Arena, donde permanecerá hasta que el dios de las almas y del mas allá venga en su búsqueda.

-            Al escuchar las toscas palabras de Guarumo, su padre el cacique, la tierna Mara se puso muy triste, sintió que el corazón se le desgarraba en pedazo y acurrucándose en el chinchorro donde dormía lloró desconsoladamente.

                Su madre cuando se despidió de Mara le dijo con ternura:
-               Hija mía te llevas mi corazón, aunque te voy a perder para siempre estarás a mi lado. Todas las noches te prenderé una fogata frente de mi Choza, allá en las tierras de los blancos para iluminarte el camino en la distancia y que algún día puedas volver a casa, pero si regresas traerás una maldición contigo, son los designios de nuestras costumbres.

               Todos en la tribu se pusieron muy tristes al saber la amarga verdad de Mara. Las mujeres de la tribu fueron hasta la choza de Mara y la consolaron con sus lágrimas, se desgarraron los guayucos del cuerpo, se auto mordieron y aruñaron las carnes y se halaron los cabellos en señal de duelo. Después buscaron las mejores flores de los mangles y tejieron largos collares y vistieron con ellos a Mara, le ungieron con aceite de coco sus cabellos y se lo untaron en su adosada piel juvenil, para protegerla de los mosquitos de los caños, trajeron perlas y le hicieron un cintillo y se lo pusieron como corona, la cubrieron de besos, de palabras retorcidas por la penas y la humedecieron repetidamente con lágrimas de dolor. 
    
-               En la aldea el Piache tenía un hijo que lo llamaban Ocumo, era un joven guerrero de noble procedencia que estaba enamorado de la hermosa Mara, al saber la noticia se acercó hasta la choza de Mara y esperó que las mujeres se fueran para entrar.

                Amada mía le dijo, he sabido de tu dolor y he venido acompañarte si es posible hasta la muerte.
-               Mara le dijo algo confusa, ¡Amor mío, Déjame! estoy desgraciada para toda la vida, si te ven conmigo sufrirás las consecuencias y tú y tu querido padre, el piache, serán echados a las aguas como sacrificio por tu atrevimiento. Estas en la choza de una doncella.

-              Entristecido se acerca con ternura a Mara, le besa tiernamente los labios temblorosos y le susurra al oí­do. Mara eres lo único que me sustenta en esta vida, sin ti no podrí­a vivir, yo mismo me tirarí­a al agua para sacrificarme por tu amor, pero déjame decirte algo. Cuando te lleven en la madrugada y aun no se vea el sol, quiero que me guíes donde te llevan, para eso te traje este cocuyo, cuando estés en la curiara lo tomas fuerte en tus manos, lo pones en alto, hazlo que mi padre no te vea, entonces podría seguirte en la oscuridad y llegare donde tú vas a llegar. Allá nos uniremos y haremos muchos hijos, nos multiplicaremos en todo los manglares para que nadie sea desterrado en estas tierras.

          Mara asienta con la cabeza y tomando el cocuyo la aprieta contra su pecho y le dice a Ocumo emocionada. Lo haría así nunca me sigas. Ocumo la abraza con fuerza y mara le corresponde con tierna pasión, ocumo herido de dolor le estampa un beso emocionado y le expresa con orgullo. Déjame marchar, voy a preparar mi cayuco, las vituallas y algo de seco con casabe y agua para llevar.

-               Esa noche el Cacique Guarumo y la Cacica anunciaron la velada y cuando salía la luna resplandeciente e ilumina las copas de los árboles y el calor enfurecía la tierra, la aldea se reunía a orillas de las aguas para llorar el destierro de mara.

-             En la madrugada, todavía en la oscuridad reinante, el piache vestido con su atuendo de costumbre, tomando a Mara le amarra por los pies y manos y tapándole los ojos con un buhito le dijo amargado. Mara perdóname! pero tengo que taparte los ojos para que no veas la luz del camino y te guíes por ella y regreses de vuelta a la aldea.

- Ocumo se monta en su curiara y seguí­a un tanto lejano a la curiara del piache, sin embargo la oscuridad era poca por la claridad de la luna y ocumo distinguí­a a los viajeros, mientras escuchaba el vaivén de las olas y el canto de las aves nocturnas. Para su desgracia una nube negra oculta la luna y una oscuridad se abatía sobre los caños. Ocumo trata de apresurar su canoa pero ya no veía nada, solo esperaba la señal de Mara, el cocuyo que él le había entregado en la Choza.

-              Mara pensó en su amado pero iba amarrada de pies y manos en el fondo de la curiara y no pudo hacer nada por darle la señal a Ocumo. Gruesas lágrimas le partieron el espí­ritu quebrantado.
-                           Ocumo se extravió en la oscuridad y no lo vieron más.

Durante tres días y tres noches El Cacique Guarumo y la Cacica Majagua en compañí­a de toda la tribu lloraron sin parar que convirtieron aquellas hermosas tierras en un barro azulado y pegajoso y las aguas se tornaron turbias y terrosas, por eso es que todas las tierras de los caños son barrosas y las aguas turbias.

        Mara en su destierro querí­a convertirse en una mariposa para volar en busca de su madre, pues todas las noches veí­a la señal que ella le hacía en la aldea. Fueron tan fuertes sus sueños y su embargable tristeza que se convirtió en una oruga pequeña y peluda y comenzó alimentarse de las hojas de los mangles.

La Cacica Majagua durante todas las noches en la nueva Misión de Capuchinos aragoneses de      Yaguaraparo, frente a su choza encendía una hoguera como le habí­a prometido a su hija Mara, para que ella lograra ver el camino y regresara a casa.

        Mara convertida en oruga tejía su manare de noche para salir de la pupa en horas nocturnas, querí­a convertirse en una mariposa nocturna para llegar hasta su casa y ver a su madre querida. Y así­ sucedió, Mara nació una noche como una hermosa mariposa y viendo la luz de la fogata de su madre que le alumbraba el camino, voló hasta la aldea, cuando logré llegar a la nueva misión de capuchinos aragoneses y la aldea de guarauna, sus hermanos no la reconocieron como la hermosa Mara y la identificaron como una paloma nocturna de mal agüero y trataron de matarla. Mara al ver esta acción de sus hermanos juró volver para vengarse de todos sus hermanos y descendencia.

        Huyendo de los indígenas se encontró en la oscuridad y no podía ver nada, presa del pánico vio a una lucecita y comenzó a seguirla, dándose cuenta que una mariposa igual a ella también seguía el cocuyo, era ocumo convertido en una mariposa que siguiendo al cocuyo, estaba tratando aun de hallar a Mara.

Mara y Ocumo se emparentaron y han poblado los caños de con miles de sus hijos cumpliendo la promesa de Ocumo, para evitar el destierro. Mara regresa buscando siempre la antorcha de su madre en el pueblo de Yaguaraparo acompañada por miles de sus hijos para vengarse de los descendientes de sus hermanos, la maldición que vaticinó su madre, la Cacica Majagua se había cumplido.

        Por eso es que las Palometas peludas, buscan siempre la luz y sueltan sus vellos envenenados para vengarse de sus hermanos, la gente del pueblo de Yaguaraparo, y aunque siempre tratan de extinguirla, aun no han podido lograrlo.
                                                                              FIN.
Fuentes Lengua indígena Guraunos: Escritos de los Frailes Capuchinos Aragoneses de la Misión de Cumaná (1760 - 1771).
Derechos Legales
AC PRODUCTORA EAN 1988 - 2010


Espero que les haya gustado la historia que se hace Leyenda de mi pueblo. 
Mi abuela paterna por parte de mi padre era de la etnia Guarauna, mi otra abuela era procedente de Trinidad, de orígen Africano.